martes, 2 de abril de 2013

El blog La Buena Prensa premia dos trabajos sanfermineros de Diario de Navarra


Un momento de la entrevista con Juan José Padilla en su casa de Sanlúcar de Barrameda. Foto: J.C Corchado

El blog La Buena Prensa, especializado en mostrar las mejores coberturas informativas sobre el papel y que dirige Miguel Ángel Jimeno, ha premiado dos trabajos de Diario de Navarra relacionados con los Sanfermines que me gustaría poder mostrar aquí en modo de agradecimiento (aquí la noticia). Una de las informaciones finalistas es la entrevista que publiqué en el Extra de Diario de Navarra previo a San Fermín 2012 con Juan José Padilla como protagonista. El torero jerezano había perdido un ojo en octubre de 2011 en Zaragoza y viajé hasta su casa de Sanlúcar de Barrameda para poder charlar con él. Aunque cuadrar agendas y que me pudiera atender no era lo más sencillo, una vez allí todo fueron facilidades. Juan José Padilla es un hombre cambiado. La muerte se presento en forma de toro de Ana Romero dispuesta a llevárselo aquel 7 de octubre, aunque el resultado final fue la pérdida de un ojo y serios problemas en el nervio facial, así como en mandíbula y oído. Padilla, como relata en la entrevista titulada "El torero que salvo al hombre" pasó todo tipo de penurias hasta que decidió que debía volver a los ruedos y recuperar así su vida como torero. Sólo así se recuperaría como hombre. Las fotos de la entrevista, que maquetó Rubén Úcar, las hizo el fotógrafo de Cádiz Juan Carlos Corchado. Si le das a más información podrás leer la entrevista completa.



El otro trabajo premiado por La Buena Prensa fue la cobertura del Riau-riau, algo que pude llevar a cabo con buenos compañeros como Rubén Elizari, Noelia Gorbea, Nacho Calvo y fotógrafos como Jonan Basterra y Eduardo Buxens. Desde el mes de febrero, cuando el alcalde de Pamplona anunció la convocatoria oficial de la marcha a vísperas después de 16 años de ausencia en el programa, se sucedieron las informaciones, los recuerdos históricos y las miradas de los protagonistas: mozos, peñas, comparsa, músicos de La Pamplonesa, ediles, etc. Todos brindaban y auguraban el éxito de la cita, pero en el fondo, casi todos sabíamos que era una apuesta muy arriesgada, más después de comprobar cómo se empezaban a justificar los ediles de Bildu, el grupo radical abertzale. Lo cierto es que el 6 de julio, unos cuantos impresentables no dejaron salir ni a la corporación del zaguán municipal. Perfectamente organizados, con el blusón de la peña atado a la cintura y con varias pegatinas y pañuelos sobre los presos de ETA, unos cueantos tipejos comenzaron a golpear a la Policía Municipal de Pamplona. El Riau-riau se suspendió, quizá ya con una herida mortal. Hubo luego 9 detenidos, si bien para algunas concejalas de Pamplona lo ocurrido fue sólo una gamberrada. El tema está pendiente de juicio. Tienes aquí mismo las dos páginas centrales de esa cobertura del 6 de julio. Fue la foto de portada y de la portadilla del suplemento de fiestas.


Entrevista publicada en Diario de Navarra el 1 de julio de 2012.
Juan José Padilla, el torero que salvó al hombre

Juan José Padilla recibe a Diario de Navarra en su casa de Sanlúcar de Barrameda, donde continúa con su recuperación tras la brutal cogida sufrida en octubre en Zaragoza. Perdió la visión de un ojo y la movilidad de parte de la cara, entre otros problemas. Pocos apostaron por su retorno a los ruedos. Sin embargo, el 14 de julio volverá a Pamplona para estar presente en la próxima Feria del Toro.


Texto: IGNACIO MURILLO

ESTA es la historia de un hombre que volvió a torear para salvarse a sí mismo. A Juan José Padilla , de 39 años, la vida le pegó una larga cambiada el 7 de octubre de 2011 en Zaragoza. Justo en el final de la temporada española, y antes de emprender viaje a América, Padilla despachaba a su último toro de la tarde, un astado de nombre Marqués de la ganadería de Ana Romero. En el tercer par de banderillas el diestro salió trompicado y cayó al suelo, donde el toro le embistió y corneó en la cara. El pitón entró por la parte inferior de la mandíbula, debajo de la oreja, y salió por la órbita ocular izquierda. El parte médico de aquella tarde facilitado por el doctor Antonio Val-Carreres hablaba de un pronóstico crítico, hasta temer por la vida del torero.

Seis meses después, con un parche cubriendo el ojo y las severas lesiones en pleno proceso de recuperación, Padilla volvió a vestirse de luces en Olivenza. Ha recuperado parte de la movilidad del nervio facial, prosiguen las molestias en el oído y tiene dificultades para masticar. Pero ahora dice ser más feliz que antes. El 14 de julio estará en Pamplona compartiendo cartel con El Juli y Daniel Luque.

Padilla hace su vida diaria a caballo entre Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), donde vive, y Sevilla, a donde acude cada mañana para sus tratamientos de fisioterapia y logopedia. En su casa nos recibe vestido en vaqueros y con camisa. Casi se disculpa por no aparecer más elegante, pero es evidente que ha cuidado su peinado y que vuelve a lucir, milimétricamente afeitadas, sus personalísimas patillas. El parche le cubre el ojo izquierdo, porque ni el párpado ni el nervio óptico responden, de momento, a ningún estímulo. Es más que probable que eso permanezca ya así para siempre, pero Padilla , El Ciclón de Jerez, rebaja la situación: "Con el otro ojo veo todo lo que necesito, a veces hasta demasiado", dice entreverando una sonrisa que vuelve ya a parecerse a la misma que siempre ha definido a este torero curtido en la plazas a golpe de toros casi de otras épocas: miuras, victorinos, cebadas o adolfos. Este ha sido siempre el destino de un torero que se dio a conocer en el mundo del toro gracias a una corrida de Miura en Pamplona en 1999.


Padilla, en el salón Pamplona de su casa.
En el salón principal de su casa todo son recuerdos de aquella tarde. El traje de luces que vistió aquel 11 de julio, blanco y con fajín rojo en homenaje a San Fermín, con los pañuelos que le impusieron las peñas y el alcalde de sol. En la pared, entre las cabezas de varios toros todos lidiados en Pamplona, tres imágenes de momentos de la tarde que comenzó a forjar la leyenda de Padilla en las plazas del norte. Y como no, Bombito y Alcaparrito, los dos toros de Miura de aquel cartel del 99 que compartió con Sergio Sánchez y Antonio Ferrera. Bombito peleó en el caballo casi 10 minutos y fue premio Carriquiri al toro más bravo de aquella feria. Padilla encandiló al público con su particular repertorio y le cortó una oreja. A Alcaparrito, el segundo miura de su lote, también lo recibió a portagayola, y Padilla le cortó las dos orejas. Salió por la puerta grande y de ese éxito ya no volvió a bajarse en 14 años. Hasta el toro de Zaragoza del 7 de octubre. Aquí empezó la segunda vida de Juan José Padilla , la del hombre y la del torero.

Paseamos por la casa y descubrimos su pequeño museo de trajes, los de tardes importantes, todo ello combinado con exquisito gusto con fotos e imágenes de distintas épocas del torero, e incluso con el vestido de novia con el que su mujer Lidia se casó. Salimos al jardín , muy cerca del gimnasio y de la piscina, y nos sentamos en unas butacas para charlar, mientras sus dos hijos, Paloma y Martín, meriendan y ven un rato los dibujos en la tele. En breve querrán salir a jugar con su padre al césped y él los complacerá con gusto.

Han pasado ya 8 meses de la cogida. ¿La evolución es la esperada?
Estoy muy contento por la evolución y el resultado de estos meses de trabajo. Sigo con fisioterapia, logopedia, etc. Simétricamente la boca me ha llegado a un punto bueno y ahora estamos trabajando la oclusión mandibular, que es ya cuestión del dentista poner unas prótesis para que todos los dientes cierren bien. La parte izquierda no llega bien por unos milímetros y no puedo masticar bien. El oído va por otra parte, sigo con un tubo de ventilación puesto y esperando que el conducto auditivo no se cierre. Es todo lento, pero con mucha paciencia.

Cualquier persona, con unas lesiones como las suyas, se hubiera tomado un tiempo para recuperarse. ¿Por qué vuelve a torear?
Mi planteamiento es distinto, porque aquí el torero salva al hombre. Tenía que torear para salvar a la persona. El hombre estaba muy derrotado, con una angustia muy profunda, una pena grande por el dolor que había causado a toda la afición y a la sociedad. Mi reto era volver a torear.

Ya desde la cama del hospital de Zaragoza lo primero que le pidió a su apoderado es que no le suspendiera su visita a América.
 No sabía si la perdida de la visión era momentánea o definitiva y yo quería ir a América. Poco a poco me fui dando cuenta de la gravedad. Había que dedicarle mucho tiempo y paciencia. Así que me centré en la recuperación y en la segunda operación, que era fundamental, debido a que el nervio facial no fue reconstruido en la primera operación. A Dios gracias, el doctor García Perla y su equipo de Sevilla me operó. Pasé 14 horas en el quirófano. Ahora mismo estoy en el 40-50% de recuperación y como mínimo conseguiré otro 30% de movilidad. El nervio ha despertado, la cara está tirante, pronuncio mejor, va evolucionando. Es una satisfacción muy grande. Se van cumpliendo las previsiones.

Impulsos nerviosos que a la vez serán impulsos para su familia.
 Yo noto a mi alrededor una gran emoción. Venía viajando de Nimes cuando despertó el nervio y mi cuadrilla se emocionó mucho. A mi mujer le había mandado un vídeo por el móvil y cuando llegué a casa hubo alguna que otra lágrima. Era lo que más esperábamos que ocurriera. Pero ahora queda un rotundo trabajo, con dedicación plena.

¿Ha terminado ya con las operaciones o aún le queda pasar por el quirófano otra vez?
 Del nervio facial y del oído está terminado. Ahora es la rehabilitación la que tiene que seguir recuperando. Otra cosa es el tema de la visión y del párpado. Estuve en marzo en Oviedo en la clínica de Luis Fernández Vega y eso va lento. Los doctores de EE UU vieron una pequeña estimulación en el párpado y hay que esperar a octubre, que es cuando se cumple un año del percance. En cuanto a la visión, el nervio óptico no ha despertado nada, no manda información de luz al cerebro y no se puede operar el desprendimiento, la pupila, la catarata aguda, etc. Eso está descartado y se valorará si se pone una prótesis o se puede mantener el ojo que tengo. Pero no me hago ilusiones. El nervio óptico estoy mentalizado de que no se recuperará.

No hacerse falsas esperanzas...
Claro. Vivo centrado con el ojo que tengo y miro hacia adelante con él. No me preocupa. Si Dios me quiere devolver la visión del otro ojo, bienvenido sea, pero ahora no me voy a preocupar en buscar un sentido que para mí está ya perdido.

¿Cuándo se da cuenta de que va a ser el torero el que termine por salvar al hombre?
Tras las operaciones que tuve en Sevilla volví a casa y fueron los momentos más duros y difíciles. Me encerré en una habituación, me entristecía con los recuerdos del pasado y casi me olvido de todo lo que me ha aportado el toro. Entiendo que he sido muy recompensado por mi profesión y que no se merecía que le diera la espalda como lo hice en ese momento.

¿Y qué hizo entonces? ¿Cómo salió de ese agujero?
Asumí la realidad y me agarré a ello con la verdad por delante. No le quería guardar rencor al toro, él me lo ha dado todo y sabía que él me devolvería la ilusión, la felicidad. Y a la vez estaría devolviendo felicidad a mi casa, a mis dos hijos, a mi mujer y a todo mi entorno. Decidí que nadie más saliera de mi casa llorando como salieron muchas visitas de amigos. Dedicarle a mi profesión el tiempo empezó a darme felicidad. Esa dedicación ha hecho que pueda cumplir con mi reto, salvar al hombre.

¿Temió perder su vida, no volver a ser el que había sido?
Sí, en todos los sentidos. Perdí 18 kilos, estaba muy afectado y la mente no la tenía bien. Estaba apenado. Pensaba que no volvería a torear y que todo lo conseguido se quedaría ya atrás para siempre. Era muy triste reconocer eso. La cercanía de Lidia (su mujer) lo fue todo, no tuvo ningún reparo en apoyarme y en pensar que era para mi felicidad.

¿Y estaba preparado para volver a pesar de las dificultades? ¿No pensó que quizá era precipitado?
Tengo respeto a mi profesión, no quería salir a la plaza siendo una víctima, o pudiendo causar alguna situación desagradable. Quería cerciorarme de mis posibilidades y por eso maté antes toros a puerta cerrada y me probé en el campo.

Sus hijos, Paloma y Martín, tienen 8 y 6 años y sufrirían por lo ocurrido. ¿Qué dijeron cuando anunció que volvería de nuevo a torear?
Cuando lo decidí reuní a mi familia y les dije: "El 4 de marzo Papá torea en Olivenza". Mi hija, radiante de alegría me preguntó: ¿Papá, lo puedo contar en el colegio? Ha sido la mayor satisfacción que he sentido y la mayor fuerza en todo este proceso.

¿Cree usted que sus hijos disfrutan de la profesión de su padre?
Mi hija se está haciendo una gran aficionada. Se la inculco y quiero que los dos disfruten de la fiesta y respeten la profesión. Los llevo al campo, les inculco la disciplina, la cultura taurina y que se sientan orgullosos de lo que hace su padre y de lo que ha conseguido. Mi hija me acompaña en los viajes y me acompañó también a Olivenza.

¿Y estuvo en la corrida? (de su reaparición)
Sí, sí. También vino conmigo a otra corrida a Francia.

¿No se asusta?
Habiendo pasado esto... yo peor ya no lo voy a pasar.

A usted, lo ocurrido, ¿le ha dejado alguna superstición o algún miedo en concreto?
Todo lo contrario. No guardo rencor al toro que me corneó ni a la vida. Soy feliz y afortunado. Vivo los sueños que tenía antes. No puedo negar que el 7 de octubre empezó otra página de mi vida, pero Dios me da la oportunidad de vivir la vida, me llena. Me gusta despertarme cada día. Dios me ha permitido disfrutar de todo. Ahora lo valoro todo más. No ha sido una cornada, ha sido casi perder la vida. He notado que la vida se me iba, que dejaba a mi familia. He estado muy cerca del Altísimo. Pero desperté y he podido seguir compartiendo momentos grandiosos con ellos y los voy a aprovechar.

Y la apariencia física. El parche, la cara caída, ¿esto le preocupa?
Eso lo dejo aparcado. Lo importante es que puedo aguantar el ritmo, la medicación, la fisioterapia, etc. Algún día llagará la normalidad, con un ojo menos, pero recuperaré la sensibilidad, percibiré bien la audición, la mandíbula encajada y con 41 o 42 años (ahora tiene 39 años) volveré a ser muy feliz disfrutando. Soy un afortunado,  sobre todo habiendo tenido casi perdida la vida.

Y tanto. Cuando llegó a la enfermería la situación era tan grave que fue directo al hospital Miguel Servet. La angustia de los primeros minutos fue tremenda. Pero usted llegó consciente.
 Sí, me fui para la enfermería andando, sujetándome la cara y el ojo. Recuerdo ver el ojo en la mano y sentir como la cara se me caía en la mano. Me fui para el doctor, me quedaba sin respiración y ahí si que me asusté. La carótida estaba seccionada y podía fallecer. Me sedaron y me intubaron y me mandaron para el hospital donde el equipo médico me esperaba para salvarme la vida. Porque lo primero era salvar la vida.

¿Le pudo decir algo al médico?
Doctor, en sus manos y en las de Dios estoy.

Asumiendo el riesgo como torero. ¿Se imagino vivir alguna vez algo tan duro como esto?
 Yo estaba preparado para los percances y para las cornadas más duras. Pero más graves de lo que había tenido pensaba que no iba a tener. El toro de Pamplona, el de Huesca, Sevilla, o San Sebastián, todos ellos me cornearon duramente, pero esto fue un punto y aparte.

¿Ha sido una prueba como persona?
Por supuesto. Fíjate que mi padre me pidió que dejara de torear, me decía que era muy joven y que me tomara un tiempo para recuperarme. Pero yo sentía la obligación de volver y luchar por volver a vestirme de luces. Con esa explicación pude luego brindarle a él el toro de Olivenza.

¿Dónde encontró la mayor fortaleza para volver a los ruedos?

Mi mujer ha sido una cosa tremenda. He tenido mucha suerte en todos los aspectos de la vida. Soy muy afortunado. Otros compañeros que conozco que han estado dedicados ala profesión han estado castigado por los toros y no han tenido ninguna recompensa. Ni económica ni social ni reconocimiento público. Me entristece. Son grandes toreros y no han tenido esa suerte. Yo he tenido la suerte de salir para adelante, aún con muchas dificultades.


"La gente se emociona al verme, se me abrazan llorando"

A Juan José Padilla la fama siempre le ha perseguido. Ha sido un torero mediático que siempre generó entusiasmo entre los aficionados, para sacarse una foto con él o para pedirle un autógrafo a un rato de charla. Sin embargo, la cogida sufrida en Zaragoza le ha obligado a modificar algunos hábitos de su vida. No tiene tanta libertad como antes.

¿Puede moverse por la calle?
 Lo tengo muy difícil. Siempre me conocen y es muy bonito atender a la gente. Pero ahora es muy diferente. A la gente le da mucha emoción verme. Se me tiran y se abrazan llorando. Es digno de admirar como se comporta la gente. He tenido miles de cartas y he contestado todo lo que he podido. He sentido el cariño. He recibido cartas de anónimos que son ejemplo en la vida. La sociedad me ha dado un ejemplo de humanidad y cariño.

Vamos, que tiene serios problemas para llevar una vida normal.
 Yo quiero hacer mi vida con normalidad, pero no puedo ir a la calle con normalidad. Voy a un centro comercial y en seguida soy el centro de atención. Pero con mucha cariño y respeto. He vivido siempre la fiesta así.

¿Cómo es ahora un día en la vida de Padilla ?
 Por la mañana llevo a los hijos hasta la ruta del autobús del colegio. Les preparo el desayuno y estoy con ellos. Les atiendo. Ya desde allí voy a la fisioterapia y la logopedia. Una hora cada cosa. Luego toca la recuperación física y profesional. Hago dos horas de bicicleta, media hora con la muleta y otra media hora estoy con el capote. También entreno entrando a matar en el carretón.

¿Todo en una mañana?
 Sí, sí. Por la tarde hago ya gimnasio para hacer musculación. De vez en cuando voy a algún tentadero, me han ofrecido muchos ganaderos poder acudir. He tenido regalos de toros, de becerros y no he podido ir a todos. Se han portado muy bien conmigo.

¿Qué otras cosas le entretienen?
 La lectura mucho. Me han regalado muchos libros. Le he dedicado tiempo a eso y a la playa de Sanlúcar de Barrameda. Me ha dado mucha inspiración y mentalización.

¿Por qué?
 Me gusta pasear y escuchar el mar. Me ha aportado mucho tener el contacto y las tertulias taurinas con mi familia y con Diego Robles (su apoderado), una persona muy importante en mi vida. Me conoce profundamente, hemos pasado muchas horas juntos. Conoce mi capacidad y supo apoyarme para conseguir mi objetivo y mi reto.

¿Habló con otras personas que hubieran sufrido lesiones similares a la suya?
 No me hubiera importado, pero no hubo ningún contacto así. En Valencia me encontré con Javier Vázquez (torero que perdió un ojo por una banderilla). Me explicó que rápidamente pudo encontrar la capacidad de visión y de ángulo, que no le costó mucho. Yo tengo otras complicaciones como la parálisis facial, la audición, etc. Y las molestias de la mandíbula. Pero estoy contento con la evolución. Con este ojo veo ya demasiado, todo lo que necesito ver.

¿Se mira ya al espejo y vuelve a encontrar al Padilla de siempre?
 Sí. Vuelve Padilla como soy, mi felicidad, las patillas, el pelo igual. Eso es lo que merece todo el que ha pedido por mí y ha confiado en mí. Que yo pueda cumplir ahora mi sueño.

¿Se refiere a los mensajes de #FuerzaPadilla que retumbaron en Twitter por medio mundo?
Ese #FuerzaPadilla lo creó un aficionado (Álvaro Duque) después de ver lo ocurrido. Quiere hacer un mensaje y mandarlo por las redes sociales. He hablado con él en varias ocasiones y eso lo hace desde un bar donde está viendo la corrida. Y fue una cadena enorme. Deportistas de elite nacionales lo pusieron. Emocionó mucho a la familia, nos dio mucha moral.

Y es un mensaje que sigue....
 Ha continuado en América, donde al primer toro de cada tarde en los carteles ponían el #FuerzaPadilla. En México, Ecuador o Colombia se han preocupado muchísimo. Al igual que en Francia y Portugal.

Ahora afronta corridas de más garantías. Se acabaron los miuras o los cebada gago.

Agradezco a las empresas que me ofrecen este tipo de corridas.
 Mi planteamiento era volver con unas corridas de garantías, pero el planteamiento no lo hago yo, sino que gracias a la sensibilidad me ofrecen estas corridas, incluida la Meca. Y la respuesta del público llenando las plazas ha sido muy emocionante.


"En Pamplona llegué al corazón de la gente y, de ahí, salí lanzado"


Entre las imágenes que adornan las paredes de su museo personal aparece un Juan José Padilla de 14 años, enfundado en un traje de torero poco antes de un paseíllo en cualquier feria o festival en los que comenzaba a fraguarse el torero del futuro y que toreaba hasta las motos por la calle.

¿Cómo era aquel niño que quería ser torero?
 Yo siempre tenía la ilusión de ir despuntando. Toreaba festivales, en pueblos, y siempre quería llegar lejos, soñaba con salir triunfador de una plaza grande.

¿Y su entrada en Pamplona? Era 1999 y se apostó por un torero que todavía no era muy conocido y para una corrida, nada menos, que de Miura.
 Recuerdo bien que llevaba unas temporadas cortas en festejos, pero mi nombre ya sonaba en plazas menores, sabían que era un torero con mucha entrega. Y eso sorprendía. Corté una oreja en Sevilla y la Casa de Misericordia de Pamplona, a la que estoy muy agradecido y no me olvidaré nunca, me puso en ese cartel.

¿Qué recuerda de aquel 11 de julio de 1999, su debut en Pamplona y uno de sus éxitos más arrolladores en esta plaza (3 orejas)?
 Lo que más recuerdo es que el día anterior, 10 de julio, fui a la plaza a ver la corrida de Adolfo Martín. Estaba en uno de los burladeros y me hicieron una entrevista en Vía Digital, que retransmitía la feria. Una señora que estaba en barrera me preguntó a ver quién era yo para que me entrevistaran. Le respondí: "Yo soy Juan José Padilla y mañana voy a salir a hombros en Pamplona". Fíjate lo claro que lo tenía y cómo había vivido los días previos.

Padilla observa fotos de su debut en Pamplona en 1999.
Me salió así, pero no por chulería, sino por la seguridad que tenía.
Toda la corrida fue un espectáculo: los casi 10 minutos del toro Bombito en el caballo, recibió a ambos toros a portagayola... Tenía una ilusión tremenda. Llegué al corazón de la gente de Pamplona. No dejé escapar la oportunidad y ofrecí todo mi repertorio. Tiraba de todos los recursos que tenía. Había que aprovecharlo y sabía que de ahí ya no me bajaría.

Y es cierto que no se ha bajado. Salvo un año, ha estado ya presente siempre en Pamplona y en todas las ferias importantes.
 Sí, salí lanzado a todas las ferias del norte y de Francia. He sido reconocido por los distintos públicos, por la afición y por las empresas, además de poder vivir de lo que me gusta.

No será sencillo, entiendo, mantener a ese nivel tantos años.
Es muy complicado estar tanto años en Pamplona y en ferias del norte con corridas muy duras y siempre con la moral muy alta. La corrida de 1999 fue la corrida crucial de mi vida. Yo no quería seguir por los pueblos.

Y luego llegó ya el ¡Illa, illa, illa, Padilla maravilla!
 Uf. Hay un feeling muy grande con Pamplona. Los Sanfermines son muy importantes. He agradecido siempre todas las visitas a Navarra. No sólo a torear, sino a unas jornadas en la Universidad de Navarra o con las peñas.

Pero Pamplona también le dejó un momento dramático. Su cogida en el cuello el 14 de julio de 2001 fue para temerse lo peor.
 El pitón entró en el cuello y no se sabía lo que había roto y lo que podía suceder. Todo el mundo estaba muy preocupado. Recuerdo una foto a las puertas de la enfermería con mi picador sujetando mi traje y mi hermano, que era banderillero mío, sentado en el suelo llorando. Era una imagen tremenda ver a hombres vestidos de toreros llorando.

Esa cogida le unió con muchos más lazos a Pamplona.
Sí, sí, muchísimos. Fui atendido por Héctor Ortiz y Ángel Hidalgo en la plaza de toros. A partir de allí hice muchos amigos y tuve muchas visitas. Al año siguiente le brindé el toro a Isabel, la jefa de la UCI. Hice muchos amigos en el hospital. Me une también una gran amistad con los pastores, con Miguel Reta, Rastrojo, les tengo un gran cariño. Son grandes aficionados. La afición de Pamplona es muy cariñosa y noto como me sigue a otras plazas.

Aquella cogida conmocionó y quizá alegró más aún volverle a ver al año siguiente...
Era mi obligación y es lo mismo que ha ocurrido ahora. No puedo decepcionar a la gente. Quiero tener fe y volver a disfrutar de mi publico, de mi afición y de mi seguidores.

Un grupo de pamploneses incluso viaja a Jerez a la feria y ha trabado buena amistad con usted.
Iñaki González Cestao ha venido a Jerez todos los años y me regaló el capote de paseo con el San Fermín bordado. Es un caso aparte. Además, hay una peña 7 de julio en Jerez, algo que es un orgullo para mí. Tengo unos hilos muy fuertes con Pamplona, con corredores, amistades, amigos, siempre se han preocupado por mi estado.

¿Qué pasa con el encierro? ¿Volverá a correrlo?
Es una ilusión y un reto más. Quizá sorprendo y puedo estar. No lo descarto. Es una ilusión más.

¿Por qué corrió la primera vez?
Fue cosa de Iñaki González y Miguel Ángel Eguíluz. Me arroparon mucho, igual que los pastores y otra gente.

¿Impone más el toro en la calle?
Me impone la gente. Hay mucha inestabilidad y te pueden tirar. Con menos gente se correría mucho mejor, pero Pamplona es así, un lugar mundial. Es el eje del toro, y hay que apoyar a Pamplona, disfrutar de esa fiesta, de la ciudad, de la gastronomía, etc...


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