lunes, 3 de noviembre de 2008

Mitos y leyendas (I): En San Fermín las llaves se pierden

Comenzamos desde hoy, 3 de noviembre, escalera de San Fermín, una serie de colaboraciones sobre los mitos y leyendas de nuestras fiestas. Nos las remite Fermín desde el destierro de Madrid. Hoy nos cuenta la verdad sobre la pérdida de las llaves en Sanfermines.

La espectacular foto la tomó Iñaki Zaldúa en 2004.


En San Fermín las llaves se pierden

Es una historia muy extendida entre los pamplonicas que durante las fiestas hay que llevar todo muy bien guardado y atado porque tanto llaves como monederos se pierden. No voy a negar que como en toda fiesta masificada, siempre hay quien quiere hacer su agosto particular haciéndose con los dineros ajenos, pero también es cierto que me cuesta creer que haya quien vaya robando llaves para no sé qué fin…por lo tanto conviene ser tajante con este mito y asumir la siguiente máxima: Las llaves se pierden por el estado de perjudicamiento que presentan quienes las guardan.

Pero en lugar de ser sinceros, lo que se ha generado en el pamplonismo es todo un sistema de guardado y almacenamiento de llaves que roza la más alta ingeniería aeronáutica, y que, dependiendo de la experiencia sanferminera de cada persona, sigue una evolución casi matemática. Intentaré explicar el rito iniciático. El autóctono, influenciado por las historias que sus allegados mayores (la mayoría falsas, sabemos que hay que fardar), y por la sana (y a la postre inútil) intención materna de que su vástago no se implique demasiado en la fiesta con frases como “cuidado que no te metan nada en la bebida” (lo que luego utilizaremos para justificar las resacas posteriores…), incluyen también “cuidado, que viene mucha gente de fuera, para robar y quitarte las llaves” (Fuera debe ser el lugar adonde van todos los reclusos no reinsertados de las peores cárceles del mundo, porque todo lo malo lo hacen “los de fuera”), decide salir de casa prevenido, para lo cual ata una cuerda al pantalón por donde se mete el cinturón (¿cómo se llama eso? ¿ojal?).

Lo que pasa que nunca se mide, y cuando uno llega a casa perjudicado, porque se llega perjudicado, se da cuenta de que la cuerda es demasiado corta, generalmente no pasa de los 8 centímetros, tamaño inversamente proporcional al miedo a perderlas, e intenta meter la llave en la cerradura, descubre que es casi imposible. Coordinar el cuerpo, girar la cadera para que llegue, atinar con la cerradura…si se pudiera ver a cámara lenta, como en el National Geographic, sería lo más parecido a un paso de baile del Thriller de Michael Jackson. La segunda opción es soltar el nudo. Volvemos a encontrarnos en una coyuntura complicada… El nudo se ha mojado, mejor no saber de qué, se ha apretado (porque el oriundo se ha pasado toda la noche tirando de él para comprobar que estaba bien atado), y no hay forma humana de soltarlo. Se intenta cortar con la misma llave, lo cual lo aprieta más, o se buscan esquinas cercanas donde frotarlo y que se suelte.
El cuadro es desgarrador, porque además aquí aparece en el 90% de las ocasiones el vecino digno que todos tenemos, con sus niños seguramente, y te encuentra sucio, con un gorro de Mahou y frotándote como Michael Jackson (el paso no cambia) en una barra americana contra una esquina. Para arreglarlo dices, o mejor, balbuceas, “no la puedo sacar”…el caos…

La solución final pasa por dos opciones, si una es mala, la otra es peor.

La mala: llamas a la puerta, pones voz de sereno (craso error, cuando uno no está sereno, es mejor no disimular), y explicas el percance de la llave. En el mejor de los casos dirás tantas sandeces, que será muy difícil de justificar después, pero en fin. Duermes en casa.
La peor: te quitas los pantalones, (aquí hay vecino seguro, y casi al 100% mujer y mayor de 65 años) y entras en casa como un señor, en calzoncillos, alegando que "hay que ver el calor que hace en julio en Pamplona por la mañana". Objetivo igualmente conseguido, duermes en casa.

Después de semejante estreno, decides que no volverá a ocurrir, y en lugar de hacer algo tan sencillo como atar otra cuerda más larga (a partir de aquí los pantalones de sanfermines empiezan a tener nudos atados, como si fueran muescas de guerra porque no hay quien suelte esos nudos), empieza la ingeniería llaveril (permítanme la licencia).

“Yo he cogido un muelle plástico de una mochila de mi hermana que es infalible”, y sales todo orgulloso con un cordón de las Lelly Kelly que irás enseñando y que disminuirá tus opciones de éxito social de forma incalculable. “Pues yo me he puesto un belcro con un imán en la parte final del bolsillo para que no se me caigan las llaves nunca del bolsillo”…Un belcro con un imán!!!! Sabes a qué altura de tu cuerpo está el final de tu bolsillo!!???!!! Te va a doler… y, además, lo que va a pasar es que de tanto meter y sacar dinero vas a acabar con el móvil rayado y por fuera un par de pins que se le han pegado al imán, y de las llaves ni rastro…incauto…
“Me las meto directamente en la hebilla, y al llegar saco la anilla y ya está” Eficaz sí, pero yo he visto saltar uñas enteras en el intento…incluso alguna luxación de dedo. Se acaban arrancando o recurriendo a las dos primeras opciones de entrar en casa.
Al final, y como la experiencia es un grado, acabas llevando las llaves o bien con un cordelico de la medida óptima, o en el bolsillo del pantalón, donde, si es un pantalón normal y uno usa las llaves para lo que son, te acabas dando cuenta de que no se caen…o sales sin ellas.
Un compañero de Universidad, veterano en estas lides, y gurús de los crápulas, patentó el mejor sistema conocido. En un tarjeta escribía su dirección, con el encabezado: Amigo taxista, lléveme a esta dirección, este es mi nombre (Axxxx), si yo no tengo dinero, mi madre le recompensará”. Las plastificaba y salía con una por bolsillo, por si acaso. Siempre llegó. Siempre. Y eso que cuando yo lo conocí, tenía la tierna edad de 27 años.
En resumen, y para finalizar este capítulo sobre llaves; que ni los de fuera vienen a robarnos en nuestras casas, ni es tan complicado no perder la llaves, y que, siendo San Fermín, siempre habrá una casa amiga o un bonito parque donde descansar…

4 comentarios:

  1. me ha gustado mucho leer este comentario de fermín. Me he reído y he estado un rato entretenida y eso en mi estado es bastante importante. Besitos

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  2. el de murcia (premonitorio tb.)4/11/08 23:05

    ferminico, trabilla se dice, trabilla...(ahora, no sé si es con b o v)

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  3. ¿Dónde están las llaves matarile rile rile...?

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  4. Qué hermoso soy...!5/11/08 09:30

    murciano-hombre-mujer-padre-e-hija-a-la-vez, tiene usted razón, se dice trabilla.
    Tremendo invento el trabillismo, sin él, no podría haber sanfermines!!
    Con lo bien atadica qeu lleva usted las llaves...

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