| La vida se da la vuelta en San Fermín. Foto: Jonan Basterra (2009). |
jueves, 4 de abril de 2013
La promesa de un 6 de julio en Pamplona
viernes, 15 de enero de 2010
Carta sanferminera a los Reyes Magos
Fermín nos desvela el contenido de la carta, con sabor sanferminero, que envia a los Reyes Magos una vez terminado su trabajo. Espero que cumplan. Os la recomiendo.
Carta a los Reyes Magos
Ahora que ya habéis descansado unos días, que ya no tenéis tanto ajetreo y que podéis leer con algo más de detenimiento os envío mi carta. Como bien sabéis no pido nada especial para el día de Reyes y me guardo las peticiones realmente serias para la segunda semana de julio, a partir del 6 para ser más exactos.
Si os parece os pido de forma personalizada a cada uno para que os repartáis el trabajo y no os cueste demasiado.
A Melchor, que es el más formal de los tres, y que a través de sus barbas blancas transmite serenidad y esa sabiduría que sólo pueden transmitir las personas mayores, las que han vivido y acumulan experiencia, a Melchor le pido que las fiestas d emi ciudad transcurran con tranquilidad, que nada las enturbie, que las fiestas sean de las personas y que sean estas las que las puedan disfrutar con plenitud. Que nadie aproveche su fama para reivindicaciones absurdas, anacrónicas y violentas. Que no politicen unas fiestas que no les pertenecen, y que respeten a todo aquel que quiera disfrutarlas como merece.
A Gaspar, con su barba de color encendido, aventurero y valiente, le pido, como todos los años, que los encierros sean emocionantes, que los toros tengan casta, que corran, que sean nobles; y que los corredores sean valientes, responsables y solidarios. Que renuncien a los excesos de ego, que no sigan la cámara sino que guíen al toro. El tema de heridos y percances, querido Gaspar, se lo dejo exclusivamente a San Fermín y su capotico; a cada cual lo suyo… y el santo patrón es el santo patrón.
A Baltasar, mi rey favorito, el más alegre, el más cercano (me han contado que este año, de nuevo, ha sido la estrella de la cabalgata), como le tengo más confianza, le pido lo más personal. También es a quien más cosas le pido…
A ver, te pido que se note lo menos posible cada año que cumplo, que todos los “refrescos” que me tome no me hagan daño, que me sirvan lo que pida y no lo que tengan a mano, que no me duela la cabeza cuando me despierte el día 7, que no me duela el estómago cuando me despierte el día 7, que no me duelan las articulaciones cuando me despierte el día 7, vamos, que no me duela el 7… Que la sangría en Sol funcione como si fuera Isostar; que no me suba el colesterol; que me sienten bien todos los complementos luminosos que me compraré; que me duren puestos, al menos, 17 minutos; que me siga vendiendo los carteles de sanfermín el mismo que lo ha hecho toda mi vida; que me toque en la tómbola el bote de aceitunas, el de mermelada y el guante de cocina; que me cueste menos de 235€ conseguir esos tres premios; que vuelva a tener balcón para ver el encierro; que los que venden comida por la calle se laven las manos alguna vez cada 32 horas; que no llueva en los fuegos artificiales; que prohíban las palmeras marrones y traigan todos de colores; que venga la noria; que un viaje en las barracas cueste menos que un plazo de hipoteca; que al alcalde de sol le quede bien el traje, que los Oceánicos no se partan la crisma; que las Oceánicas, bueno, que las Oceánicas sigan viniendo…; que Andrés Pajares gane el concurso de parecidos con Hemingway; que pueda salir todas las noches que quiera; que pueda salir todas las tardes que quiera; que pueda salir todas las mañanas que quiera; resumiendo, que vuelva a tener 20 años físicos durante una semana; que la ropa blanca especial para sanfermín la dejen de fabricar de papel de fumar; y, por último, que todo el que venga a Pamplona vuelva satisfecho a su casa…
Yo creo que nada más…muchas gracias por adelantado por todo, y, como todo los años, nos vemos el día 6, a eso de las 12:30 donde todos los años. Y tranquilos, seguiré guardando el secreto, de blanco no os reconoce nadie…
viernes, 20 de noviembre de 2009
La vida como el encierro
Una nueva colaboración de Fermín. Interesante y emocionante.
La vida como el encierro
Siempre hay quien, cuando sucede algo inesperado, sale con la frase de “esto es como la vida”. Massiel cantaba en el Lalalá que todo en la vida era como una canción; casi todo es comparable a la vida, pero, teniendo en cuenta el leitmotiv de este blog, esta vez la comparativa la haré entre vida y encierro, ya que existen bastantes paralelismos.
Empezamos rápido, sin miedo, asumiendo todos los riesgos posibles, sin importarnos el esfuerzo o que crecer sea cuesta arriba. Cuando uno es niño no mide los riesgos, no mira atrás, emprende aventuras que sobrepasan a la racionalidad por el mero hecho de que se ve capaz de hacerlas, como en la cuesta de Santo Domingo. Una velocidad endiablada, un bajar a recibir a la vida, demostrando que poco nos importa lo que espera luego. Y entre envites y esprints van transcurriendo infancia y primera juventud.
Luego llega la primera curva, generalmente en la adolescencia, esa situación que mejor que no te pille a pie cambiado. Normalmente es una decepción amorosa. El desengaño de la que con 15 años creíamos que sería nuestro amor definitivo. Esta curva es peligrosa, porque el ritmo de la vida, de la manada, sigue su curso, y no nos va a esperar ni a perdonar los errores. Lo que si es claro es que te muestra cuáles van a ser las nuevas normas de vida, así que si uno entiende el mensaje le espera un tramo de vida ágil, agradable, y breve.
Mercaderes es la adolescencia y juventud, algunas estrecheces propias de la falta de dinero, los exámenes, los amoríos, pero si uno es consciente de lo que le toca vivir, es uno de los tramos más placenteros. Tiene el fondo y la forma suficiente para afrontar el recorrido, aunque hay que tener capacidad para protegerse cuando la vida no facilite cobijo, pero una vez que se pasan las estrecheces es fácil disfrutar. Pero el tramo es breve, y cuando se acaba, además, se acaba de golpe.
Si uno no está bien situado para su entrada en la vida adulta, la vida, la manada, se lo puede llevar por delante y dejarlo maltrecho. Este cambio nunca es fácil, incluso al principio se ralentiza la vida porque tiene adaptarse a la nueva situación. Se presenta ante nosotros un tramo largo, muy largo, de vida laboral, compromisos, responsabilidades, y la vida, el recorrido, no da demasiadas treguas, ni márgenes de error. Hay que estar pendiente de cualquier movimiento, y saber cuando es conveniente lucirse o retirarse. Tampoco todo depende de nosotros, ya que podemos estar haciendo una carrera memorable, y que alguien nos saque de un codazo; o viceversa, pisar a otros para prosperar en la carrera y acabar trastabillados. Quiero pensar que en la vida, como en el encierro la preparación y la nobleza deben ser elementos necesarios, y ojala que suficientes, pero siempre habrá quien se empeñe en demostrar lo contrario.
En esta parte también hay quien parte con ventaja, o tiene algún privilegio, como los que se incorporan en el punto exacto de la carrera, evitando aglomeraciones, porque conocen a alguien que les cede el portal/la oportunidad, en cualquier caso hay que demostrar la valía. También están los patanes, los que se comen el mundo, y luego, muertos de miedo, ponen pies en polvorosa sin asumir el riesgo ni demostrar capacidades, estos es posible que lleguen a la meta, pero su recibimiento no será bueno… Están los que tienen muchísima suerte o castigan a su ángel de la guarda haciéndole pasar estrés; gente sin preparación, temerarios, noctámbulos…a los que les puede ir bien en la vida/carrera; eso sí, cualquier error tiene siempre muy malas consecuencias.
Después de el tramo más largo, y tras una nueva curva que nos indica un nuevo cambio de recorrido, aparece otro tramo vital, y del encierro, donde el camino es más ancho, está lleno de salidas por si se complica la vida/carrera, hay servicios sanitarios y buenas conexiones con los hospitales… Telefónica es como la jubilación, con sus pros y también sus contras: como ahora, hay demasiada gente, lo que impide el disfrute pleno, toca repartir espacio y recursos; es demasiado breve, y, además se conoce el final, se ve de hecho. Pero es un tramo para disfrutar, conociendo los límites, y sabiendo que la vida/manada viene ya resabiada, y que como nos embista no se andará con bromas.
Y al final aparece el callejón. Estrecho. De obligado paso. A pesar de que cuenta con gateras por si la carrera/vida se complica, una vez dentro se sabe que hay que pasar. Da igual condición, raza, posición…Es el tramo final. El obligado. La despedida…
Eso sí, después nos esperan unos tendidos llenos de aplausos, de amigos que se fueron quedando en el camino y que nos estaban esperando. Unos tendidos que, después del frío mañanero, se templarán a la tarde hasta llegar a arder cuando suenen los clarines y los timbales. No es un mal final.
Al final, la vida es como el encierro, fíjense que este artículo tiene exactamente las mismas palabras que metros el recorrido. 850.
Curioso.
lunes, 7 de septiembre de 2009
Las otras cifras
Dos meses después de terminar los Sanfermines 2009, ya se han dado todas las cifras posibles, y hacen pensar sobre cómo se pueden recolectar tantas; tenemos cifras de heridos, de vidrio recogido, de asistencias médicas, de comas etílicos, de cortes en los pies (eso pasa por no leer los consejos publicados en este blog), peso medio de los toros, visitas en sábado, precio medio de las barracas, australianos en campings, rubias que han mostrado los pechos… y, sin embargo, hay una cifra que no se ha dado y que puede ser ilustrativa.
Va por delante que me da pavor que estos datos caigan en manos de tertulianos, anarosas, pilaresraholas, sabervivires y demás amigos del comentario populachero y facilón. Digo esto porque dado el nivel de repercusión que está alcanzando este estupendo blog, es más que posible que llegue a alguno de sus oídos y vuelvan a lanzar sus comentarios sobre lo inadecuados que son los Sanfermines… y es que las otras cifras son las calorías, y aquí hemos tocado hueso con las luminarias de la televisión en España, de todas formas, allá vamos, valientes.
Un día 6 de julio (¡ya falta menos!) sin demasiados excesos, consistiría, más o menos, en lo siguiente.
Almuercico ligero consistente en huevos fritos y magras con tomate (unas 4 magras, que para los que no lo sepan y lean esto desde allende los mares, son unas estupendas lonchas de jamón pasadas por la sartén), regado con algún vaso de clarete (rosado para los ilustrados), café, pacharán y puro. A esto se le puede añadir, como aperitivo, unos platos de chistorra para compartir y algún frito… (esto es lo estándar, sibaritas del ajoarriero o de los chilindrones, acepten mis disculpas)
Almuerzo del pasado 6 de julio de 2009 en Pamplona. Como Dios manda.
Con esto en el estómago uno ya es persona apta para incorporarse a la fiesta, y la mañana discurre, normalmente insisto, entre champanes de brindis de inicio y cervezas de refrigerio y/o vinos de la tierra (porque de alguna tierra habrán salido). De esta forma, calculado grosso modo, y teniendo en cuenta que cada vaso de cerveza tiene aproximadamente 250 cc., llegaremos a la tarde con aproximadamente litro o litro y medio de cerveza/kalimotxo ingerido.
Con algo de hambre ya, lo más probable es que se opte por un bocadillo reconstituyente a media tarde. Nutritivo y sano. De lomo con pimientos, o panceta con queso con bastante probabilidad. Para hacerlo más digestivo, lo seguimos regando con cerveza, diurética, refrescante, vegetal, y llena de virtudes.
En plenitud de facultades, seguramente nos veremos incluso más guapos, más dinámicos, convencidos de nuestro atractivo (aquí dejamos de meter tripa y es un error…), nos adentramos en el bonito mundo de las bebidas espirituosas (probablemente ya llevemos dos o tres copas, pero es luego dicen que se bebe demasiado en sanfermines…)
El varón medio conocido (que quiere decir, los varones que yo conozco), toman alrededor de 6 copas (de nada muchachos, esto lo pueden leer mujeres, madres y novias…). En ese camino nocturno, es posible que caigan un par de cervezas para controlar el ritmo (controlar el ritmo: tremenda mentira), algún bocadillo que nos mire con provocación desde cualquier lugar que luego no recordaremos; algún chupito de bebida irreconocible que algún desalmado ofrecerá y nos veremos obligados a probar (estos dos elementos son importantes, bocadillo y/o chupito serán los culpables de nuestro estado al día siguiente).
Pues bien, con esta distribución de ingestas que no creo que sea excesiva para nadie, llegamos a las 8 de la mañana y, le ponemos la guinda con un chocolate con churros. Nuestros sentidos ya no rigen así que somos capaces de meternos una docena entera entre pecho y espalda, pero vamos a dejarlo en media docena. La otra opción es rematar la noche con otro desayuno a base de huevos y chistorra, valoraremos ambas opciones. Así que este es el cuadro resultante de un 6 de julio cualquiera…
| INGESTA CALÓRICA 6 DE JULIO | |||
| Alimento | Calorías 100gr/ml/un. | Cantidad | Total |
| Huevos fritos | 108 | 2 | 216 |
| Jamón frito | 377 | 1,5 | 565,5 |
| Tomate | 101 | 1 | 101 |
| Patatas fritas | 214 | 1 | 214 |
| Pan | 232 | 2 | 464 |
| Chistorra | 575 | 0,5 | 287,5 |
| Vino | 74 | 4 | 296 |
| Café | 136 | 1 | 136 |
| Pacharán | 240 | 1 | 240 |
| Panceta | 815 | 2 | 1630 |
| Cerveza | 95 | 20 | 1900 |
| Chocolate | 511 | 21 | 10731 |
| Churros | 379 | 2 | 758 |
| Combinado | 400 | 6 | 2400 |
| Chupito | 105 | 2 | 210 |
| TOTAL APROXIMADO DE CALORÍAS | 20149 | ||
Según cálculos para varones de condiciones similares a los objetos de nuestro estudio, con una actividad física moderada (de nuevo de nada…), serían necesarias unas 2900 calorías diarias… así que, si damos como relativamente ciertos estos datos sacados de internet (prefiero no decir las páginas de las que han salido porque vaya tela de nombres…), el hecho de pasar un 6 de julio en Pamplona supone un riesgo más que alto para la supervivencia humana.
En cualquier caso, incluso habiendo doblado el número de calorías, seguiría siendo un exceso para el cuerpo.
Para un día de las fiestas que no hay encierro, teníamos que buscar otra actividad de riesgo máximo, así que, tertulianos del mundo, ya pueden ustedes abogar por unos sanfermines vegetarianos, con tofu y manzanas, a los que añadir esos encierros con toros simulados que alguna lumbrera propuso.
Los que quieran seguir disfrutando de la fiesta a la antigua usanza, ya pueden empezar a preparar la operación bikini, mejor operación faja roja, para el 6 de julio de 2010.
jueves, 3 de septiembre de 2009
Somos de otra pasta
Muchas son las voces que no aciertan a explicar lo que sucede en San Fermín, y, cuando intentan racionalizar lo que sucede en Pamplona entre el 6 y el 14 de julio, acaban resumiéndolo con un “son de otra pasta” al referirse al comportamiento de los pamplonicas en esas fechas. Pero esto no es una casualidad, ni una cuestión de comportamiento espontáneo; lo que sí es seguro es que es un sentimiento forjado a lo largo de los años, y que es transmitido de generación en generación.
La historia que voy a contar es una de tantas que ocurren en Pamplona y que, contadas de padres a hijos, construyen la historia magnífica, adoquinada de pequeñas historias, de San Fermín.
Mi padre estuvo presente en uno de los terribles montones que ocurrieron en el encierro en el callejón de la plaza de toros a mediados del siglo pasado. Ese día estrenaba una camisa amarilla que su madre le regaló para las fiestas, todavía no estaba estandarizado el blanco, cuando le sorprendió el montón en el encierro. Cuenta que nunca había visto, ni vio, un espectáculo semejante.
Imagen tomada por Zubieta y Retegui en el montón del 7 de julio de 1957, con toros de Salvador Guardiola.
Los corredores se agolpaban unos encima de otros, siendo imposible salir de allí mientras la manada de toros se acercaba peligrosamente, y, posteriormente, embestían el montón en su intento de atravesarlo. La escena era dantesca, corredores embestidos, pisoteados y aplastados por la montaña humana que se había formado.
Fue sacando a todos los corredores que pudo mientras intentaba esquivar los envites de los astados, en uno de esos lances recibió una puntada en el costado, cicatriz que todavía enseña con orgullo. De esto puedo dar fe, no sólo de la cicatriz, sino de que sacó a algún corredor, porque alguna vez de paseo por Pamplona hay quien lo reconoció y le sigue dando las gracias, consciente de que si no hubiera sido por la intervención de el hasta ese día desconocido, quizás no lo hubiera contado.
Una vez terminado el encierro, y dado que el tan reconocido Servicio Navarro de Salud todavía no ejercía como tal, se curó la herida producida por el pitón del toro en una peña, creo recordar que en La Única, con friegas de anís y pacharán y vendajes amateurs… si hoy en día pasara algo similar, estaríamos hablando de días de recuperación, de convalecencia, bajas médicas… pero la mayor preocupación de mi padre en esos años de penuria económica no era otra que encontrar una camisa amarilla igual a la que le había regalado su madre para que ésta no viera el agujero producido por la cornada y que no se preocupara…
En fin, que la preocupación por lo individual quedaba continuamente en segundo plano, primero por intentar ayudar a los corredores atrapados y después por no preocupar a una madre que, como las actuales, sufre cada vez que sabe que su hijo puede estar en el encierro. Nada que ver con los valores a los que estamos habituados, nada que ver. Y es que son estas actitudes las que hacen de San Fermín unas fiestas diferentes, quizás sea esto lo que sea difícil de entender desde un punto de vista objetivo, o quizás, sencillamente, seamos de otra pasta… porque cuando cuenta la historia, mi padre lo hace con una normalidad que asombra, dando por hecho que era absolutamente normal y falto de mérito lo que hizo, “cualquiera hubiera hecho lo mismo”. Yo tengo mis dudas sobre este enfoque, no creo que sea tan sencillo, lo dicho, otra pasta.
Como conclusión les diré que finalmente, y tras mucha búsqueda, encontró la camisa, y la historia quedó para el conocimiento de amigos y descendientes, porque no es cuestión de preocupar a una madre…
lunes, 12 de enero de 2009
Mitos y Leyendas (II): en San Fermín se puede ir vestido de cualquier manera
La foto es de David Artigas. De esta guisa un "mozo" corrió un encierro en 2008.
En San Fermín se puede ir vestido de cualquier manera.
Primera parte: el blanco y el pañuelo.
Esto es absoluta y rotundamente falso.
Como es una fiesta que por su dimensión y connotaciones tiende al anarquismo en cuanto a normas, y en el que las manchas aparecen por arte de magia en la ropa, se tiende a pensar que se puede ir vestido de cualquier manera, mientras se vaya cómodo… Pues no, si quieren estar cómodos, pónganse un pijama y quédense viendo la televisión. Si lo que quieren es participar de una forma digna, sepan que la vestimenta es casi un ritual.
El atuendo básico consiste en ir de blanco impoluto, con un pañuelo rojo anudado al cuello, y una faja roja en la cintura. Esto que parece sencillo, tiene su intríngulis, así que para evitar que vayan ustedes disfrazados de alma en pena, procederé a explicar cuatro nociones básicas sobre el atuendo.
1. El blanco es blanco: sé que suena a perogrullada, pero es importante. No vale ponerse una camiseta beige porque se parece al blanco, ni un pantalón que llevaba el abuelo de nuestro tío porque ya está viejo y de lavados que tiene parece un calzón de un cuadro de Goya, no. Las prendas deben ser blancas.
Cualquier ropaje “no blanco”, nos colocará en la categoría “Es de fuera”, y recuerden que eso en Pamplona es un riesgo innecesario, si hay una discusión, nunca tendrán razón. (Por ejemplo: alguien correctamente ataviado piropea y tira los tejos a la pareja de alguien vestido con una camiseta de Iron Maiden negra y unos pantalones crudos, no blancos. Si éste se ofende y se crea un grupo de opinión, que se creará, al bien vestido le bastará con decir las palabras mágicas ”Es que vienen de fuera, y no saben divertirse”, para que, toda la gente de alrededor le dé la razón, le increpe por su poco sentido de la fiesta, y coreando el socorrido “que se vaaaya…” deje el camino despejado para que el galán sanferminero prosiga su labor depredadora. Avisados están)
La ropa interior tiene aquí una importancia especial. A estas sufridas prendas no les damos la importancia que se merecen, y cometemos el error de ponernos una ropa interior “cómoda” (sinónimo aquí de calzoncillos, bragas y sujetadores comprado el año del ven que te peino…). Pueden pasar dos cosas; la primera es que por exigencias del guión, decidamos caminar, como es comprensible, con los pantalones a la altura de los tobillos, si no hemos escogido bien, el ridículo será espantoso. La segunda posibilidad es que nos caiga encima algún vasico de bebida. Ojo, mujeres del mundo, en su caso la posibilidad de que alguien derrame, (siempre sin querer si el accidentado va vestido de blanco; por supuesto adrede si es alguien “de fuera”, que sabemos lo cochinos que son,…), liquido sobre ustedes aumenta de manera exponencial. Vayan ustedes a saber por qué…. Así que es importante tener esto en cuenta.
En el caso de que sean ustedes australianas, inglesas o estadounidenses, pueden saltarse este paso, ya que directamente suelen demostrar abiertamente que no usan sujetador, como Cameron Díaz, a partir de las 3 de la mañana o del segundo litro de sangría…
En cualquier caso, teniendo en cuenta que la ropa es blanca, y suele transparentar, hagan un favor al mundo, hombres y mujeres de bien, llevando una ropa interior discreta a la par que limpia y funcional.
2. El pañuelo: a ver, que esto es sencillo… basta con saber que no es una fiesta mariachi, así que eviten ponerse esas semisábanas rojas, anudadas a ras de cuello y dejando colgar los extremos como si fueran el bigote de Pancho Villa. No, el pañuelo suele ser estándar, se anuda en los extremos y se ata bien fuerte. De hecho, el pañuelo debe dar problemas para quitarlo, se acaba sacando por la cabeza sin soltar el nudo y va ganando en calidad conforme se hace añejo… Al final acaba siendo como una prolongación de uno mismo y desprende un aroma inconfundible a “qué-será-lo-que-he-estado-haciendo-estos-días”
Aconsejo abstenerse de llevar esos pañuelos horrorosos con un toro estampado corneando a alguien, ni esos (perdónenme vendedores ambulantes, agradézcanmelo, guiris del mundo) que parece que tienen estampados los créditos de una película: “Pamplona- San Fermín- 6 al 14 de julio-Saca la bota-saca la bota-Toro-Toro-Encierros en la calle-ala bin-alaban-alabinbonban”
Aprovecho para negar otra leyenda; lo de que el pañuelo rojo simboliza el martirio de San Fermín, y que es como recuerdo a que le cortaron la cabeza es FALSO. Somos navarros, somos del norte, pero no somos tan retorcidos ni tan brutos…si fuera así, por regla de tres no quiero imaginar lo que significa la faja.
Además, de querer conmemorar algo, supongo que habríamos inventado una bebida a base de pacharán… Al Santo se le honra en la procesión, en la hornacina del encierro y en la novena, no con los pañuelos sangrientos…en fin…
De la historia del pañuelo podrá ilustrarles mucho mejor el autor de este blog, pozo de sabiduría sanferminera.
El pañuelo debe ponerse en el cuello una vez que explote el primer chupinazo, 12 de la mañana del día 6, nunca antes (el que lo lleve guiri o “de fuera”, se abre la veda en cuanto vean uno…), y se debe quitar del cuello cuando empieza el pobre de mi, a las 12 de la noche, una vez que se anuncie el fin de las fiestas.
Consejo práctico: el intercambio de pañuelos ha sido una artimaña ancestral para empezar las maniobras de aproximación y galanteo, así que llévenlo bien…
Continuará....
lunes, 3 de noviembre de 2008
Mitos y leyendas (I): En San Fermín las llaves se pierden
En San Fermín las llaves se pierden
Lo que pasa que nunca se mide, y cuando uno llega a casa perjudicado, porque se llega perjudicado, se da cuenta de que la cuerda es demasiado corta, generalmente no pasa de los 8 centímetros, tamaño inversamente proporcional al miedo a perderlas, e intenta meter la llave en la cerradura, descubre que es casi imposible. Coordinar el cuerpo, girar la cadera para que llegue, atinar con la cerradura…si se pudiera ver a cámara lenta, como en el National Geographic, sería lo más parecido a un paso de baile del Thriller de Michael Jackson. La segunda opción es soltar el nudo. Volvemos a encontrarnos en una coyuntura complicada… El nudo se ha mojado, mejor no saber de qué, se ha apretado (porque el oriundo se ha pasado toda la noche tirando de él para comprobar que estaba bien atado), y no hay forma humana de soltarlo. Se intenta cortar con la misma llave, lo cual lo aprieta más, o se buscan esquinas cercanas donde frotarlo y que se suelte.
El cuadro es desgarrador, porque además aquí aparece en el 90% de las ocasiones el vecino digno que todos tenemos, con sus niños seguramente, y te encuentra sucio, con un gorro de Mahou y frotándote como Michael Jackson (el paso no cambia) en una barra americana contra una esquina. Para arreglarlo dices, o mejor, balbuceas, “no la puedo sacar”…el caos…
La solución final pasa por dos opciones, si una es mala, la otra es peor.
La mala: llamas a la puerta, pones voz de sereno (craso error, cuando uno no está sereno, es mejor no disimular), y explicas el percance de la llave. En el mejor de los casos dirás tantas sandeces, que será muy difícil de justificar después, pero en fin. Duermes en casa.
La peor: te quitas los pantalones, (aquí hay vecino seguro, y casi al 100% mujer y mayor de 65 años) y entras en casa como un señor, en calzoncillos, alegando que "hay que ver el calor que hace en julio en Pamplona por la mañana". Objetivo igualmente conseguido, duermes en casa.
Después de semejante estreno, decides que no volverá a ocurrir, y en lugar de hacer algo tan sencillo como atar otra cuerda más larga (a partir de aquí los pantalones de sanfermines empiezan a tener nudos atados, como si fueran muescas de guerra porque no hay quien suelte esos nudos), empieza la ingeniería llaveril (permítanme la licencia).
“Yo he cogido un muelle plástico de una mochila de mi hermana que es infalible”, y sales todo orgulloso con un cordón de las Lelly Kelly que irás enseñando y que disminuirá tus opciones de éxito social de forma incalculable. “Pues yo me he puesto un belcro con un imán en la parte final del bolsillo para que no se me caigan las llaves nunca del bolsillo”…Un belcro con un imán!!!! Sabes a qué altura de tu cuerpo está el final de tu bolsillo!!???!!! Te va a doler… y, además, lo que va a pasar es que de tanto meter y sacar dinero vas a acabar con el móvil rayado y por fuera un par de pins que se le han pegado al imán, y de las llaves ni rastro…incauto…
“Me las meto directamente en la hebilla, y al llegar saco la anilla y ya está” Eficaz sí, pero yo he visto saltar uñas enteras en el intento…incluso alguna luxación de dedo. Se acaban arrancando o recurriendo a las dos primeras opciones de entrar en casa.
Al final, y como la experiencia es un grado, acabas llevando las llaves o bien con un cordelico de la medida óptima, o en el bolsillo del pantalón, donde, si es un pantalón normal y uno usa las llaves para lo que son, te acabas dando cuenta de que no se caen…o sales sin ellas.
Un compañero de Universidad, veterano en estas lides, y gurús de los crápulas, patentó el mejor sistema conocido. En un tarjeta escribía su dirección, con el encabezado: Amigo taxista, lléveme a esta dirección, este es mi nombre (Axxxx), si yo no tengo dinero, mi madre le recompensará”. Las plastificaba y salía con una por bolsillo, por si acaso. Siempre llegó. Siempre. Y eso que cuando yo lo conocí, tenía la tierna edad de 27 años.
En resumen, y para finalizar este capítulo sobre llaves; que ni los de fuera vienen a robarnos en nuestras casas, ni es tan complicado no perder la llaves, y que, siendo San Fermín, siempre habrá una casa amiga o un bonito parque donde descansar…
miércoles, 18 de junio de 2008
Ya es San Fermín..
Vete a dormir y mañana ya será San Fermín...





