Ganadería. Seis toros de Torrestrella (Herederos de Álvaro
Domecq y Díez), de variadas y buenas hechuras.
Rubén Pinar, de hueso y oro, vuelta y una oreja.
Arturo Saldívar, de verde botella y oro, silencio y silencio tras un aviso.
Esaú Fernández, de blanco y oro
Arturo Saldívar, de verde botella y oro, silencio y silencio tras un aviso.
Esaú Fernández, de blanco y oro
Barquerito. Pamplona
Puestas en pie, los brazos en alto, suplicante y
desenfadadamente, las peñas y andanadas de sol corearon a las seis y media en
punto los acordes solemnes del 'Te Deum' de Charpentier y entonces pareció
arrancar en serio la Feria del Toro, porque ayer era el día de San Fermín, la
jornada en la que empiezan a correrse los encierros y el primero, por tanto, en
que saltan los toros en puntas. Una corrida de Torrestrella, clásica entre las
clásicas de esta feria singular, pero el hierro llevaba castigado seis años y
ésta era la tarde de su regreso a Pamplona. Estaban en un burladero de callejón
el hijo y uno de los nietos del difunto Álvaro Domecq. En la arena, Rubén Pinar
fue el triunfador al cortar la única oreja de la tarde.