Llevó un puñado de años viendo escrita en su gorra la fecha de su nacimiento. Cano. 1912. Cada tarde es de los primeros en saltar al ruedo para fotografiar a los toreros. Camina tranquilo por el callejón de la plaza y llega hasta el burladero de los medios con su cámara al hombro. En sus tiempos, se amarraba hasta 5 distintas al cuello. Curro Cano, este señor de la imagen, ha retratado más de 70 Sanfermines, ha bebido en los bares de Pamplona con Hemingway y fue el único fotógrafo presente en Linares cuando el miura Islero mató a Manolete. El objetivo de la cámara que captó aquel momento, en 1947, está Pamplona, en el museo que Marcelino Jiménez montó en un piso de la calle Estafeta.
Cano apenas puede dar un paso en Pamplona sin que le pare alguien: para saludarle, para hacerse una foto, para admirarle. En 2012 habrá más motivos para detenerle. 100 años con la cámara en ristre. "No me retiro, porque cuando uno se retira palma. Y yo no quiero palmar", dijo hace un par de años.
Que sean otros 100 más.
Que sean otros 100 más.